Eliminando la violencia sexual en los conflictos a través de la CPI

El documental "The Uncondemned" muestra a las mujeres de Ruanda, abogados y activistas que ayudaron a lograr el primer juicio por violación como crimen de guerra © The Uncondemned
El 19 de junio se celebra por segunda vez el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos. El tema de este año “Prevenir los delitos de violencia sexual mediante la justicia y la prevención” conmemora los avances logrados a través de la justicia internacional, principalmente a través del trabajo de la Corte Penal Internacional (CPI), en la lucha por erradicar estos terribles crímenes.

Violencia sexual y de género: Una estrategia de conflicto

La violencia sexual y de género relacionada con los conflictos es un arma de guerra generalizada—claros son los casos de la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Malí, Darfur y Siria, para nombrar solo a algunos. Es utilizada para aterrorizar, degradar, castigar comunidades y llevar a cabo las llamadas “limpiezas” étnicas. Las mujeres y las niñas son generalmente sus principales víctimas; pero los hombres y los niños no son ajenos a este tipo de violencia. Regularmente, sus sobrevivientes son marginados y estigmatizados, y las posibilidades de que sus atacantes sean llevados ante la justicia son mínimas.

"La violencia sexual es una amenaza para todo derecho individual a vivir una vida digna y para la paz y la seguridad colectiva de toda la humanidad. ... Queremos utilizar este día para comprometernos, en representación de cada sobreviviente, a terminar con la violencia sexual en los conflictos y lograr paz y justicia para todos." — Secretario General de la ONU, António Guterres

 

El Estatuto de Roma: Enjuiciando a los responsables

En los últimos cuatro años, la violencia sexual y de género ha logrado una mayor visibilidad en las agendas de la justicia, la paz y la seguridad internacional luego de que el Consejo de Seguridad de la ONU adoptara de forma unánime la Resolución 2106 en junio de 2013, a través de la cual se reconoce la centralidad de poner fin a la impunidad para la prevención de la violencia sexual y de género relacionada con los conflictos y se alienta a los Estados a fortalecer la rendición de cuentas a nivel nacional. 

El Estatuto de Roma, adoptado en 1998, fue uno de los primeros tratados internacionales en tratar la violencia sexual y de género relacionada con los conflictos como crímenes de lesa humanidad, crimen de guerra y, en algunas instancias, genocidio. Desde el comienzo de su mandato, la Fiscal de la CPI Fatou Bensouda ha tenido un papel proactivo a la hora de lidiar con la brecha de la justicia de género y ha sabido darle a la investigación y al enjuiciamiento de los crímenes de violencia sexual y de género un lugar prioritario como lo demuestra su Documento de Política sobre Crímenes Sexuales y de Género, el primer documento de este tipo para una corte o tribunal internacional.

“El mensaje a perpetradores y futuros perpetradores debe ser claro: los crímenes de violencia sexual y de género en los conflictos no serán tolerados ni ignorados en la CPI. No ahorraremos esfuerzo alguno a la hora de exigir justicia por estos crímenes y contribuir con la prevención de los mismo en el futuro. La Fiscalía, como parte de su política, incluirá de forma sistemática en sus casos los cargos relevantes sobre la base de evidencia de delitos” - Fiscal de la CPI Fatou Bensouda

El Estatuto de Roma también contribuye a la rendición de cuentas y la reparación de la violencia sexual y de género a través de su efecto catalizador a nivel nacional. Esto significa que si un Estado ratifica el Estatuto e incorpora sus disposiciones en su legislación nacional, estos crímenes pueden ser procesados por tribunales nacionales. Al apoyar la universalidad del Estatuto de Roma y la incorporación de los delitos del Estatuto de Roma al derecho interno, los Estados y la sociedad civil pueden ayudar a garantizar que los autores de esos crímenes sean llevados ante la justicia. Muchos han debatido sobre el potencial de tal cambio en la cultura jurídica interna para promover la igualdad de género en términos más amplios, fortaleciendo los derechos de las mujeres y aumentando su acceso a la justicia.

 

La CPI: Una justicia de género inclusiva

Otro ejemplo del efecto catalítico de la Corte es la magnitud de la violencia sexual y de género contra hombres y niños que no se informa y que no se valora como tal. Es muy difícil siquiera hablar de temas relacionados con la violencia sexual y de género en cualquier cultura, lo que se vuelve aún más complejo cuando las víctimas son hombres y niños. El Estatuto de Roma de la CPI, que es explícitamente neutro en relación con el género al describir la violencia sexual, es visto por muchos como un potencial líder en la tarea de llevar estos debates a nivel nacional.

Si bien hay signos alentadores de que la violencia sexual y de género relacionada con los conflictos está recibiendo finalmente la atención que tanto merece, la sociedad civil continuará coordinando esfuerzos para asegurar que la erradicación de la violencia sexual en los conflictos continúe ocupando un lugar destacado en la agenda internacional. Los compromisos hechos en la ONU y en cualquier otro ámbito deben traducirse en acción y responsabilidad. Los Estados deben brindar un mayor apoyo a todas las partes involucradas en el proceso de encontrar las verdaderas causas de la violencia de género, fortalecer los esfuerzos para brindar reparación a las víctimas y garantizar que las mujeres y las perspectivas de género siempre formen parte de los procesos de prevención y paz.

La CPI está haciendo su parte. La Corte dictó su primera condena por violación como crimen de guerra y como crimen de lesa humanidad en marzo de 2016 contra el ex líder de la milicia rebelde congoleña Jean-Pierre Bemba. Mediante el desarrollo de una jurisprudencia internacional sobre violencia sexual y de género, la CPI está demostrando que la violencia sexual ya no puede tratarse como un crimen colateral; ayudando a desestigmatizar a las víctimas y trabajando para disuadir la futura comisión de estos terribles actos.